La llegada de otro perro a casa

La llegada de otro perro a casa

¿Nunca habéis pensado eso de “tengo un perro, pero quiero otro”? Ayer, una twittera (@karo_1890) me hizo una consulta sobre este tema y decidí crear este post para contaros nuestra experiencia.

Hace menos de un año, cuando Luna (nuestra Westy) tenía un año y tres meses, decidimos que queríamos acoger otro perro, sin embargo, nos daba un poco de miedo porque no sabíamos como se lo iba a tomar Luna. Hasta ese momento Luna era una perrita con carácter, pero muy sociable con otros perros. A pesar de eso, en ocasiones había dado muestras de proteger la comida y el agua.

Encontramos a Trufa (Schnauzer miniatura) por internet y al momento nos enamoramos de ella. La conocimos al poco de cumplir un mes, junto a una de sus hermanas. Ocupaba menos de la palma de una mano y había sido fruto de un descuido entre los perritos de una recién formada familia de papás primerizos.

Tras verla reforzamos nuestra idea de ampliar la familia y hablamos con Maria Atxa (la adiestradora que nos había ayudado a enseñar las maneras básicas a Luna). Ella nos recomendó que no lleváramos a Trufa directamente a casa, sino que las presentáramos en un ambiente neutral y se ofreció a interceder en el primer encuentro para tratar de conseguir una vivencia positiva para ambas partes.

Llegamos al luegar por separado. Mi pareja pasó por casa a recoger a Luna y me esperó en Dogbil, el espacio de adiestramiento. Yo, que ya había recogido a Trufa, aparecí con ella en el bolso. María, cargada de premios, nos pidió que dejáramos a Trufa en el suelo en la habitación donde ya estaba Luna. Luna se acercó a ella y la empezó a oler. Hubo suerte, encajaron a la primera. María, muy atenta, reforzaba con premios el interés positivo de Luna en Trufa y viceversa.

Tras media hora, después de comprobar que Luna había aceptado a Trufa a la perfección, las llevamos a casa. Donde ya habíamos preparado las cosas de Trufa en un lugar separado a las de Luna, como Trufa aún no estaba vacunada, volvió en el bolso. Al entrar volvimos a seguir el consejo de María, dejamos entrar primero a Luna, suelta sin correa y luego dejamos que Trufa inspeccionara la casa.

Siempre pensamos que Luna, como había sufrido su primer celo un mes antes de coger a Trufa, la había aceptado como si fuera su cría. De hecho, a día de hoy le sigue limpiando las orejitas y la protege si expresa miedo ante otro perro.

A continuación os dejo imágenes de aquellos primeros días. A mí aún me emocionan 🙂